Minedu anuló proceso de licitación para dotar de internet a más de 3000 colegios a nivel nacional por falta de presupuesto

Tras culminar un contrato entre el Minedu y Bitel, unos 450 colegios del país tuvieron que ingeniárselas para no quedarse sin internet y con ello perjudicar a su alumnado

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Como todas las mañanas, Medalyth atraviesa a pie las frías calles de Junín para ir a su colegio. Sin embargo, esta mañana soleada tiene algo de especial para el brigadier del quinto grado de secundaria pues, si la señal de Internet que sus profesores logren conseguir no falla, ella y sus compañeras podrían consagrarse campeonas regionales de un reñido concurso interescolar de debate.

Buscar información en internet le ayuda mucho a una alumna sobresaliente como Medalyth; lo que no le ayuda nada es la pésima conectividad a la aldea global que tiene su colegio. En la sala de cómputo, donde hay una veintena de laptops, el servidor es tan limitado que no es capaz de compartir señal con todos los terminales a la vez.

Medalyth y sus compañeras de equipo se dirigen al aula virtual donde se llevará a cabo la final del torneo regional. Llevan en la cabeza información sobre realidad nacional; coyuntura social, política y económica. Lo que no saben es el vía crucis que tuvieron que padecer sus profesores para asegurarse de que el salón de debate esté plenamente abastecido de internet. Es tanto el temor a alguna falla que ellas mismas utilizan un celular como módem para alimentar de señal a sus laptops.

Henry Peña es el docente que le da una mano a Medalyth con los ‘megas’ de su plan personal. Pero no es la única mano que el también encargado de soporte técnico del colegio ha dado. Él es uno de los responsables de que este amplificador de señal funcione durante el debate final.

El resto de las competidoras sí ha podido traer desde casa un celular de la familia con el cual dotar de internet a sus laptops.

El tema de la final de debate interescolar es la pertinencia de los programas sociales, tópico en el que ni los adultos son capaces, muchas veces, de hablar con altura, seriedad y argumentos.

Tras una hora y media de réplicas y dúplicas con sus contrincantes de un colegio ubicado en la ciudad de Concepción, el jurado del concurso tuvo clara su decisión sobre el equipo campeón.

Sin guerras o insultos de por medio, las alumnas celebraban – todavía sin acabar de creérselo – por el triunfo de sus ideas. Sus profesores festejaban también porque solo ellos saben lo que la genuina labor del educador implica en un colegio plagado de carencias.

Hasta hace dos meses, este colegio era abastecido de internet mediante un contrato entre el ministerio de Educación y la empresa Bitel. Pero al culminar parte del vínculo, este y otros 450 colegios del país tuvieron que ingeniárselas para no quedarse sin internet.

Siguiendo las indicaciones al pie de la letra, las autoridades de la Ugel Junín y del colegio ‘6 de agosto’ contrataron un servicio de internet doméstico.

A poco más de una hora de Junín, en la ciudad de La Oroya, las cosas son exactamente iguales.

En el colegio José María Arguedas, que es alma máter de casi mil alumnos, la conectividad que había era mala, pero la nueva no es del todo satisfactoria.

Evaluando rápidamente la velocidad de subida y descarga de cada computadora en esta sala digital, notamos que ninguna de ellas llegó siquiera al diez por ciento de la velocidad ofrecida.

Como este servicio es de uso doméstico, no existen penalidades, multas ni nada por el estilo. El colegio o Ugel que quiera reclamar por alguna deficiencia deberá acogerse a los plazos que hoy en día padecen miles de ciudadanos de a pie.

Pero no es todo. Al no haber un contrato a gran escala, el servicio tampoco cuenta con filtros de contenido. Por ejemplo, en esta computadora que usan niños de todo el nivel secundario es posible acceder a plataformas dirigidas a un público adulto.

Por si fuera poco, la adquisición de este servicio doméstico, que podría extenderse por todo el 2024, no está sujeta a fiscalización por el monto asignado a cada centro educativo.

En algunos colegios, el nuevo proveedor ha superado las expectativas. Pero hablamos de más de 60 Ugeles a cargo de adquirir internet doméstico; 60 oportunidades para que las cosas salgan muy bien, o muy mal también.

En algunos lugares como la provincia de Oxapampa, en la región Pasco, puede haber la mejor intención de adquirir un internet de calidad, pero poco se puede hacer cuando la oferta misma de la zona es tan deficiente.

En el año 2022 se lanzó un proceso de licitación para el servicio de internet en zonas rurales y urbanas. Este eventual contrato con un privado dotaría de internet a los 1,837 colegios donde operaba Bitel, pero, además, abastecería a otras 1,900 instituciones educativas. Más de 3 mil escuelas que, para fin del 2023, deberían haber tenido conectividad sujeta a penalidades por fallas y filtros de contenido.

Sin embargo, pese a que se lanzó la convocatoria, a pocas semanas de adjudicar la buena pro, el Ministerio de Educación dio por anulado el proceso, según ellos, por causa fortuita. ¿Y cuál es esa causa? Pues falta de presupuesto para cubrir los 300 millones de soles que asegurarían el servicio de internet para 3,737 colegios a nivel nacional durante los próximos tres años.

En el corazón de Lima se vive la misma situación. El colegio ‘José Antonio Encinas’, de San Martín de Porres, está en estos momentos más cerca del siglo pasado que del mundo actual.

La sala de cómputo, que en su mayoría fue implementada con dinero de los padres de familia, se usa para todo menos para cultivar nuevas tecnologías de la información en los más de mil alumnos que pasan por esta aula.

De haberse culminado la licitación del servicio de internet a cargo del ministerio de educación, más de un millón de alumnos en todo el país podrían estar más conectados, informados y listos para el exigente mundo de hoy en día.

En Junín, Medalyth es el perfecto ejemplo de un diamante en bruto desperdiciado por abandono. No cuenta con Internet ni en el colegio ni en su casa. Quiere y tiene el talento para ser una profesional, sin embargo, desde su rincón en el mundo, todo le cuesta el doble o triple de esfuerzo.

Tal vez ya no seamos mendigos sentados en bancos de oro, como alguna vez nos definieron, sino potenciales ganadores resignados, o condenados, a ver pasar el mundo a toda velocidad desde la quietud del olvido.

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