Nigeria: el negocio ilegal de la gestación por sustitución en el país

Agencias ofrecen gestación subrogada a parejas que luchan por tener hijos. El negocio de la fertilidad es clandestino y está en auge pese a que el país es muy religioso y conservador

(Foto: AFP/Video: AFP)

Ada se convirtió en madre de alquiler en Nigeria porque el dueño de su vivienda la amenazaba con expulsarla junto a su familia. Sin recursos, se le ocurrió gestar el hijo de otros y así ganar dinero. Cuando se lo explicó a su marido, éste se negó en un primer momento. "Gritó: '¿cómo vamos a hacer algo así? ¡Ni pensarlo!'", recuerda la joven de Lagos, una ciudad de 20 millones de habitantes en el sur de Nigeria. 

Ada había oído hablar de la gestación subrogada en un programa de telerrealidad estadounidense, antes de que una compañera le confesara que recurrió a una madre gestante para tener hijos. Ni siquiera sabía que eso se hacía en Nigeria.

Tanto los evangelistas del Sur como los imanes del Norte desaprueban esta práctica. 
Pero hay algunos clanes polígamos igbos o yorubas que han recurrido a ella. Según la tradición, en algunos pueblos igbos, una mujer, si está viuda o separada, puede "casarse" con otra mujer, que le ofrecerá un hijo. Los niños nacidos de ese matrimonio toman el apellido del "marido femenino" y la identidad del donante masculino no se divulga. 

Pero las tradiciones se van perdiendo poco a poco y en la actualidad, van siendo sustituidas por el secreto y un sistema opaco muy lucrativo, pues en Nigeria no hay ninguna ley que regule la gestación subrogada. 

Presión social

Ada recibió dos millones de nairas (más de 5.500 dólares) por haber gestado y dado a luz a gemelos. Y los padres "solicitantes" pagaron una vivienda digna para ella, su marido y sus hijos, durante el embarazo. "Esto era lo más importante para mí", cuenta Ada a la AFP. "La presión para dejar nuestro apartamento era cada vez más fuerte y cuando le enseñé a mi marido a cuánto ascendía nuestra deuda, poco a poco aceptó mi idea, aunque le daba miedo". 

Y es que Nigeria es el cuarto país del mundo donde es más peligroso dar a luz. El país cuenta con 814 muertes durante el parto por cada 100.000 nacimientos, según el Banco Mundial, esto es 100 veces más que en la Unión Europea. Tras el parto, para no despertar sospechas, Ada dijo en su entorno que había perdido el niño. 

Tabú para las madres

El tabú que envuelve a la gestación subrogada es aún más importante si cabe para las madres que recurren a ella. Cuando una pareja no consigue concebir, la infertilidad se suele interpretar como un castigo divino, la mayoría de las veces, contra las mujeres. "Cuando, el domingo, ves a parejas en la iglesia dando gracias a Dios por haberle enviado milagrosamente a un niño tras 15 o 20 años intentándolo, hay muchas probabilidades de que sea gracias a una fecundación in vitro o a la gestación subrogada", señala Chike (nombre ficticio), un agente de madres gestantes. Pero pocos lo admitirán. 

"Ambas técnicas son extremadamente costosas para la inmensa mayoría de los nigerianos, así que el mercado sigue restringido", agrega el agente, que pidió el anonimato. "Hay muchos estereotipos sobre la gestación subrogada en Nigeria a causa de las fábricas de bebés". 

En esas unidades de maternidad ilegales, chicas jóvenes dan a luz a niños no deseados, frutos de una violación o incluso concebidos con el objetivo de venderlos. 

Sin marco legal

Toyin Lolu-Ogunmade conoce la pena de no poder tener hijos. "Me decía […] que no era una verdadera mujer, que me habían quitado la esencia misma de mi feminidad", recuerda. Tras cuatro operaciones, decidió aceptar la gestación subrogada. Tras largas conversaciones con su pastor, Toyin y su esposo viajaron a India, donde la gestación subrogada es legal y más barata. Volvieron a Nigeria en 2012 con dos gemelos y con la idea de fundar una agencia para ayudar a las mujeres estériles. 

La ausencia de legislación sobre la gestación subrogada hace que tanto los padres como las madres gestantes en Nigeria sean muy vulnerables, con exámenes médicos inadecuados, falta de apoyo psicológico, abuso de la práctica y del número de cesáreas practicadas, etc.

El marco legal es tan ambiguo que Chike decidió abandonar el negocio a finales de noviembre, tras más de cinco años de agente. "Quiero ofrecer mis servicios de manera legal", asevera, consciente de que podría ser acusado de trata de seres humanos al haber pedido dinero por su servicio de mediador.

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