Guido Bellido: Arrebatos expropiadores y presidencia de baja intensidad

Mientras Bellido la hacía linda, en Lima Castillo encontraba refugio político en sus amigos de Nuevo Perú

El Congreso reaccionó con una junta de portavoces de emergencia. Foto: Cuarto Poder

Guido Bellido es pequeño pero le gusta usar la puerta grande. Así lo hizo el lunes a las 11 de la mañana para salir rápido de Palacio de Gobierno. Nadie sabía a dónde iba.

El misterio duró poco. Apareció en las oficinas de Pluspetrol, empresa que explota el gas de Camisea. Su llegada agarró fríos a todos, particularmente al sorprendido conserje que lo recibió.  

Bellido llevó una invitación a los directivos de la empresa para que se reunieran con él el 6 de octubre. Cumplía así lo que un día antes había anunciado: renegociar el contrato de Camisea. 

Mientras Bellido la hacía linda, en Lima Castillo encontraba refugio político en sus amigos de Nuevo Perú, a los que también floreaba con generalidades cuando le preguntaron por cambios en el gabinete. 

Los que no iban con generalidades era Renovación Popular, que luego de juntarse con su líder, Porky, anunciaban que iban por la cabeza de Puka. 

Ante una posible censura a Bellido algunas bancadas reaccionaban, digamos que con prudencia. Pero si en el Congreso iban con cautela, en Puno, Bellido iba con todo y esta vez contra su propio jefe, y le decía que no tuviera miedo. 

El miércoles por la mañana, una encuesta graficaba lo sucedido días atrás: 61% aseguraba que el Presidente no tenía liderazgo, el “populorum” opinaba. 

El Congreso reaccionó con una junta de portavoces de emergencia que al promediar las 9 de la noche decidieron, en ese mismo momento, ir a Palacio en busca de Castillo. 

Ya era jueves y la madrugada traía varias preguntas: ¿Por qué bellido se jugaba su primera bala de plata? ¿Por qué abogaba por la permanencia de Iber Maravi, un ministro que ni siquiera es allegado a él o a su jefe real, Vladimir Cerrón? ¿Sabía algo el Presidente? Hubo una conferencia de prensa con ronda de preguntas, mas no respuestas claras. 

Al ministro de Trabajo el buen ánimo se le va cuando le preguntan sobre sus reuniones con Conare, el brazo político de Sendero. Pero la sonrisa retorna cuando se va con sus “compas” de la CGTP. 

La noche cayó en el Parlamento, la interpelación terminó y la oposición redujo sus ambiciones: ya no apuntaba a Bellido, sino a Maraví. 

Así, dejaban la pelota en la cancha del Presidente, al pie del hombre que menos hablaba hasta ese momento y que solo con generalidades abordó la crisis de esta semana.