Familias lo arriesgan todo para no perder sus terrenos cerca a la ribera del río Rímac

Los damnificados en San Martín de Porres viven en peligro constante ante un eventual deslizamiento que termine de desplomar sus viviendas.

Foto y video: América Noticias

Son los daños colaterales que dejó la fuerza destructora de los huaicos en Lima. El último miércoles, madre e hijo cayeron por el acantilado cuando la mitad de su casa se derrumbó a causa de la crecida del río Rímac, cuyas bravas aguas fueron debilitando los cimientos.

María Rosana Reyes Lizárraga quedó enterrada por los escombros de su propia vivienda a orillas del río. Su cuerpo fue rescatado luego de más de 10 horas continuas de trabajo ejecutado por el escuadrón de emergencia de la Policía.

Su hijo, Rubén Ángel Flores Reyes de 18 años, murió arrastrado varios kilómetros por la corriente. Su cuerpo fue encontrado horas después por el escuadrón de rescate de la Policía en mitad del río.

Vivir en esta zona del acantilado es como apostar la vida en una ruleta rusa de la muerte. A cualquiera de las 18 familias con casas al borde del río que se encuentran en peligro inminente, le pudo haber costado la vida, pero esta vez, le tocó a la familia Reyes.

El año pasado, Cecilia Remigio gastó todos sus ahorros para construir con material noble la habitación que hasta la semana pasada ocupaba junto a sus hijos. Hoy, consciente de lo sucedido con sus vecinos, ya no habita ese cuarto, pues se encuentra a solo centímetros del acantilado.

Su peor pesadilla se ha convertido en una penosa realidad. El sonido de este río hablador hoy se escucha más fuerte que nunca y dice alerta, peligro inminente. Don Vicente Garaminde tiene más de 40 años viviendo al borde de un abismo que cada año se acerca más a su modesta vivienda.

Él es reciclador y todo lo que junta lo acumula peligrosamente en la casa que comparte con sus hijos. Salir de aquí rápido ante una emergencia, sería prácticamente imposible. A pesar de eso, Vicente intenta confiar en su suerte.

Del otro lado del acantilado, mientras la policía trabajaba en la remoción de escombros, y los periodistas informan cada minuto, a la espera de un posible derrumbe, los vecinos y demás curiosos observaban con asombro lo que quizás, solo en sus pesadillas podría haber pasado.

Y aunque, la gestión municipal de San Martín De Porres ha brindado carpas para reubicar temporalmente a los damnificados, nada asegura que los derrumbes se detengan para ya no enlutar o dejar sin hogar a una o más familias.