Hoy:

    Cargadores bailarines: cortejos fúnebres con música y zapateo

    Detrás de los trajes elegantes y las extenuantes rutinas de más de dos horas bajo el sol, los integrantes alternan este oficio con trabajos cotidianos como la crianza de animales, la venta de emoliente y la música.

    Foto y video: América Noticias

    En el Norte Chico, específicamente en la provincia de Huaral, la solemnidad tradicional de los entierros ha dado paso a una manifestación cultural que desafía el dolor del luto.

    Un grupo de hombres conocidos como los cargadores bailarines ha revolucionado los servicios sepulcrales al transformar el último adiós en una auténtica celebración de la vida del fallecido.

    Lejos del silencio y las marchas fúnebres convencionales, estos operarios cargan sobre sus hombros estructuras que superan los 100 kilos de peso mientras ejecutan precisas coreografías al ritmo de marineras, huaynos, salsas e incluso ritmos internacionales solicitados por los deudos.

    Fuente: Domingo Al Día
    Fuente: Domingo Al Día

    Esta peculiar tradición, que se gestó hace más de una década bajo la iniciativa de la Funeraria Balcázar, busca mitigar el impacto psicológico de la pérdida en las familias.

    Acompañados por bandas de músicos que hacen sonar trompetas, clarinetes, bombos y platillos, los cargadores recorren largas cuadras bajo el ardiente sol huaralino, logrando que los rostros compungidos de los deudos cambien las lágrimas por palmas y arengas de aliento.

    Rigor artístico entre ataúdes vacíos

    El despliegue que se observa en las calles y a las puertas de los cementerios locales es el resultado de una disciplina casi militar.

    Horas antes de que el féretro salga de la vivienda del difunto, los integrantes del grupo se reúnen en su base de operaciones para planchar minuciosamente sus ternos, ajustar sus corbatas y repasar cada paso.

    Los ensayos se realizan entre ataúdes vacíos, donde repiten las secuencias de giros y zapateos dos o tres veces por semana. Una sola descoordinación podría romper la armonía y provocar un accidente con el féretro.

    Franklin Vidal, representante de la funeraria, explica que las exigencias del oficio van en aumento debido a los inusuales pedidos de los clientes, quienes buscan que el difunto "baile por última vez": "Nos adaptamos a todo marco musical. Pasamos del zapateo tradicional de un huayno a una marinera, y si la familia nos pide un tema particular como la canción 'Moscú', lo sacamos. El objetivo es que el ser querido se vaya contento y realzar el homenaje de la familia".

    Fuente: Domingo Al Día
    Fuente: Domingo Al Día

    El esfuerzo físico es extenuante. Sostener el peso del cajón mientras se realizan giros y flexiones de hombros durante más de dos horas requiere un notable equilibrio y resistencia. En jornadas con alta demanda, el equipo llega a cubrir hasta dos o tres entierros consecutivos, terminando con un desgaste muscular extremo.

    Historias de vida detrás del terno elegante

    El misticismo de los cargadores bailarines se complementa con las historias de los hombres que dan vida a estas coreografías. Lejos de las pompas fúnebres, los más de siete integrantes del grupo son trabajadores independientes que sostienen a sus hogares con oficios cotidianos en Huaral.

    Paolo Rosario, uno de los cargadores más experimentados del grupo, inicia sus mañanas a tempranas horas en el campo, alimentando cuyes, conejos y cabras en un pequeño negocio familiar que abastece a los restaurantes de la zona. Una vez concluida la faena pecuaria, se viste de terno y acude a la funeraria.

    Por su parte, Raimon Quintana divide sus jornadas entre los sepelios diurnos y las noches de invierno huaralino, donde cambia el calzado de vestir por un mandil para relevar a su padre en un puesto ambulante de emoliente, uno de los más antiguos de la ciudad.

    Entre ellos también operan músicos y disc-jockeys (DJs) locales, como Elmer y Gerardo, quienes aportan su oído rítmico para perfeccionar los zapateos.

    La fama de estos "danzantes de la muerte" ha trascendido las fronteras del Norte Chico, siendo requeridos en la actualidad en diversas regiones del país.

    Al convertir el sepelio en un escenario de memoria alegre, estos hombres demuestran que la identidad de un pueblo también se refleja en la forma en que despide a sus muertos: con respeto, música y los pies firmes sobre la tierra.