Limpiaparabrisas piden continuar con su trabajo en las calles de Lima

Un grupo de personas dedicado a este oficio marcó distancia con los recientes actos criminales y piden a las autoridades mayor comprensión y colaboración por su situación.

Foto y video: América Noticias

Tras la muerte de un conductor a manos de un limpiaparabrisas, la polémica se desató en torno al ejercicio de esta actividad callejera. Varios distritos de Lima lo han prohibido, pero un sector de la población, no está de acuerdo con esta medida radical pues aseguran que afectaría a quienes menos tienen.

Esos segundos que dura el semáforo en rojo es una oportunidad para ellos de ganar unos soles y de llevar un plato de comida a casa. Alexander y rosa son una pareja que se sostiene con el trabajo diario en las calles de Lima.

Se conocieron en esta misma avenida en pueblo libre. Ambos buscándose la vida en las pistas. Él, colombiano, y ella, una madre peruana que tenía que sacar adelante sola a su hija.

La erradicación de lo que consideran su “trabajo en la vía publica" pone en riesgo su sustento, por eso, piden a las autoridades que no los cierren las puertas y como ellos, otros limpiaparabrisas estarían con los días contados.

Sergio Pérez trabaja más de 10 horas al día en las calles y en cuanto cachuelo se le presente. No es para menos, tiene que pagar su cuarto alquilado y mantener a su madre y hermana que viven en Venezuela.

La vida le cambio rotundamente, dejó las dos carreras universitarias que estudiaba en Venezuela para estar solo en un país ajeno donde ha sorteado más de una adversidad. 

Con los 30 o 40 soles que gana diario apenas le alcanza para sostener a los suyos y dice que, aunque ha postulado a muchos puestos de trabajo en ninguno fue aceptado.

Algunas avenidas más adelante, en San Miguel, su compatriota, Osman Hernandez pone su mejor cara para ejercer el trabajo callejero. Siempre con una sonrisa, Osman nos cuenta que esa es la herramienta que le ha permitido ganarse el cariño de choferes y vendedores de la zona.

Pese a su discapacidad, aprendió a ganarse la vida solo, nos dice que en su país tenía un puesto de trabajo fijo pero la situación se tornó difícil en Venezuela. Ellos piden que no los juzguen como a los demás, toman distancia de sus compatriotas que cruzaron la línea de lo legal y generaron el terror.

El vil asesinato de un conductor en el Centro de Lima desató la indignación de ciudadanos y autoridades que inmediatamente buscaron erradicar a quienes ejercían la actividad. Carlos Bruce le siguió los pasos a Rafael López Aliaga, pero fue más lejos firmando un decreto de alcaldía para eliminar la actividad y la de los lavacarros en su distrito.

Pronto varios alcaldes se subieron a la ola, dijeron, que con el fin de parar la violencia. Incluso el ministro del Interior dio su respaldo a la medida tomada por el distrito de surco.

A diferencia del ministro del interior, Vicente Romero, su homólogo de trabajo, Alfonso Adrianzen, no opina lo mismo. Según este último, eliminar a los limpiaparabrisas de las calles no solucionará el problema de fondo.

Pero, para el exjefe del Comando Conjunto, el general en situación de retiro, Luis Montoya, las autoridades no ven el fondo del problema. La solución, para él, es transversal y deben participar las municipalidades, los ciudadanos y a la Policía Nacional.

El mismo sujeto que mató a un conductor en el Centro de Lima, solo días antes se enfrentó con machete a otro colega suyo y en esa espiral de violencia ahora son protagonistas los limpiaparabrisas. Uno de ellos es Elmer Cabrera Cerdan, quien amenazó a una conductora en el Callao y al no contentarse con los 20 soles que ella le dio, la amenazó con una piedra con la que le rompió el parabrisas. Él fue detenido y condenado a ocho años y siete meses de cárcel.

Sanción al delito, pero no a la eliminación de los limpialunas, esa fue la decisión tomada por el alcalde del Callao, Pedro Spadaro. Sin embargo, en Lima la suerte está echada, pues el Concejo Metropolitano apoyó por unanimidad la prohibición del ejercicio de esta actividad en 43 distritos de la capital, un anuncio que genera preocupación entre quienes se ganan la vida diariamente ofreciendo este servicio que ha sido satanizado.

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