Punta Hermosa bajo extorsión: El drama interminable de los propietarios precarios

El hambre, la necesidad, la pobreza y la extorsión se juntan para formar una ola que golpea y revuelca a los que menos tienen

En la zona Este de Punta Hermosa no hay concursos de surf ni caserones con piscinas frente al mar. Foto: Cuarto Poder

Detrás de los cerros arenosos se encuentra la cruda realidad que esconde la otra Punta Hermosa. Allí está la Asociación de vivienda Nueva Villa Navarra, un poblado opuesto al residencial balneario del sur chico, no solo en ubicación. 

Allí continúan viviendo más de 500 familias que han sabido sortear todos los embates del destino, incluso los que trajo consigo la Covid-19. Sin energía eléctrica continua ni agua potable, esta familia intenta sobrevivir criando animales que luego venden a sus vecinos, o intercambian por víveres.

En la zona Este de Punta Hermosa no hay concursos de surf ni caserones con piscinas frente al mar. Lo que sí hay son cilindros para almacenar agua, que también son usados como criollos jacuzzis al aire libre. La única competencia en la que aquí participan todos, es la de la supervivencia, día a día, en medio de todo lo que les falta. 

Pero la pobreza no es el único enemigo en Villa Navarra. Pareciera que los conflictos del tráfico de terrenos, no los dejan en paz desde que en 2013, según nos cuentan, pagaron miles de soles por sus predios a la empresa ‘AES Agrupación Ecológica del Sur’.

No bastó con que Damián Flores, pagara 5 mil soles hace 9 años para recibir un contrato de compra y venta, que no tiene ningún valor. Hoy vive bajo el temor de ser desalojado, pues todas estas tierras pertenecerían a la Superintendencia Nacional de Bienes Estatales.

Una historia parecida es la de Pedro García, quien dejó su terreno por unos meses durante la pandemia, un pedazo de tierra por el que pagó más de 14 mil soles. Pero cuando quiso volver, había sido tomado ya por un grupo de hampones alegando que su título de propiedad no era legal.

En esta parte del sur chico, a escasos kilómetros de la capital, mientras familias enteras en situación de pobreza luchan por salir adelante, deben defenderse además del acecho de delincuentes que se mueven a su gusto en estos áridos parajes, sin respetar ni siquiera a niños o ancianos, ante la total inacción del Estado.