Galería Nicolini: las víctimas del incendio en 'Las Malvinas'

Dos jóvenes trabajaban encerrados, no pudieron escapar cuando el incendio inició

Galería Nicolini: las víctimas del incendio en 'Las Malvinas'

Galería Nicolini. Cuarto Poder / Foto: Andina

Jovi Herrera Alania toma su celular y graba a su mejor amigo José Luis Huamán Villalobos, eran compañeros de la vida, siempre buscando un cachuelo para sobrevivir. Esta vez buscan un hueco para al menos respirar. Jose Luis intentaba sacar la mano por el agujero del almacén donde trabajaban, en el quinto piso del enorme edificio Nicolini que era devorado por el fuego desde hacía varias horas. Necesitaban dar señales de dónde estaban atrapados.

Grabó estos angustiantes videos y se los mandaron a sus tíos para que los ayuden. No podían huir. Su jefe los había encerrado por fuera en esa cárcel latón, condenándolos a una muerte horrorosa

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El teléfono era lo único que permitía saber si seguían con vida. Pasada la una de la tarde, José Luis y Jovi son conscientes de la grave situación que vivían por eso toman sus celulares y llaman a sus madres. Las tratan de tranquilizar aun sabiendo que era  una despedida.

“Yo llamé a mi hijo, me dijo que estaba afuera, anda a la casa, lo volví a llamar como a la 1, aló hijo le digo, contestó mamá estoy encerrado no aparece el dueño para que nos abra, cuídate mamá cuídate, me cortó y no me contestó más”, comentó la mamá de José Luis.

Sus tíos llegaron hasta la calle Dansey, pero el fuego les impedía avanzar hasta el quinto nivel de la galería Nicollini. Ninguna puerta, ninguna entrada.  Frente a sus ojos estaban José Luis y Jovi, encerrados en una caja de metal, pero nada podían hacer, todo hervía, gases tóxicos se liberan cada segundo.

En el edificio lleno de locales, lleno de informalidad, se trabajaba con pintura, aerosoles, diluyentes. El humo negro ahogaba cualquier esperanza.  Lograron al fin conseguir las llaves del local donde permanecían encerrados, pero ya era tarde.

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Hacia la tarde, los bomberos tomaron una decisión, paralizaron las funciones de apagado para centrar su atención por completo en los desaparecidos. Pese a las grandes llamas, 6 valerosos rescatistas decidieron ingresar a la parte superior de la galería para intentar rescatar a los dos muchachos por el techo.

En un segunda oportunidad intentaron ingresar por la avenida Argentina, pero estos locales son ampliaciones informales hechas de planchas metálicas, apenas con entradas de aire, que terminan bloqueando el acceso de los bomberos. 2.30 de la tarde decidieron buscar otra opción, esta vez llevaron escaleras.

Con Cristian Benavente, bombero que trabaja en América Televisión, malherido por el fuego y los gases tóxicos, la evacuación de todos los bomberos de la galería es inminente. Las temperaturas alcanzaron rangos máximos, las explosiones se dan en cadena. No es posible entrar.

En esos minutos angustiantes, el jefe de estructura de los bomberos, por primera vez, observa a lo lejos, en el quinto piso la mano de Jovi haciendo señas por una rendija,  la señal más clara de que ambos aún estaban vivos.

Los bomberos han liberaron un dron para llegar a la zona, el aparato ubica exactamente a José Luis y Jovi. Las imágenes son angustia pura. Un hombre atrapado, blandiendo un fluorescente como señal de vida. Es la última oportunidad y los bomberos lo arriesgan todo. Lograron llegar hasta el cuarto nivel, llegaron a estar a metros de los muchachos.

Pero el fuego hizo sentir su poder. Las estructuras empiezan a ceder, a pocos  metros de llegar al punto. El riesgo que corrían los rescatistas era altísimo. De llegar al quinto piso donde los dos chicos estaban encerrados, las probabilidades de salir eran mínimas, les tocó tomar la decisión más complicada y dura.
 
“La seguridad es lo más importante, ha sido muy duro retirarnos, la decisión en ese momento y en cada momento que nosotros no. Probablemente, nosotros hemos tenido un golpe duro el año pasado, perdón el efecto todavía persiste en nosotros”, manifestó el jefe de estructura de los bomberos.

Hacia las 6 de la tarde los muchachos no volvieron a comunicarse más. El humo tapó la visibilidad completamente y el fuego alcanzó el quinto nivel de las galerías. Jovi y José Luis morían juntos, hombro a hombro como vivieron sus difíciles pocos años. Solo tenían 19 y 21. Jovi acababa de ser padre de una pequeña  que apenas llega al mes.

Un día antes de la tragedia, el joven padre le confiesa a uno de sus amigos del barrio que trabajaba todo el día porque necesitaba conseguir dinero para su pequeña. A tal punto que aceptaba hacerlo en condiciones inhumanas.

Unas fotos que tomó José Luis son la muestra de la esclavitud disfrazada de emprendedurismo. Se muestra cómo llegaban hasta esta ampliación informal en el quinto piso hecha con contenedores donde trabajaban embalando fluorecentes y enchufes durante todo el día. 12horas encerrados dentro de una estructura metálica, sin baño, orinando en botellas, aguantando hambre por unos soles.

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Peor aún, parte del trabajo de Jovi y José Luis era desembalar fluorescentes baratos de origen chino y volver a embalarlos como si fueran de una marca prestigiosa para que luego el empresario que los encerrada como a ratas ganara dinero engañando a clientes en Las Malvinas. Así lo recuerda Luis, un ex compañero de trabajo.

Todo esto ocurría en una de las galerías más concurridas de Lima. Empresarios tratando como esclavos a jóvenes sin que un solo inspector del Ministerio de Trabajo o de la Municipalidad de Lima se percate de lo que pasaba allí.

Los llaman desaparecidos porque aún no encuentran sus cuerpos, pero a quienes tampoco encuentran son a los criminales que los dejaron encerrados y les pagaban 1.80 soles por cada caja que falsificaban.