Challapalca desde adentro: Conoce las entrañas del penal más temido en el Perú

El penal fue creado para recibir a la cúpula terrorista allá por el año 1997

Allí no son necesarios los bloqueadores de celulares, pues no llega señal de ningún operador. Foto: Cuarto Poder

Por primera vez en la televisión, el ingreso a las entrañas del penal de Challapalca, el más temido por los delincuentes de todo el Perú. Creado para recibir a la cúpula terrorista allá por el año 1997, es ahora el hogar de los cabecillas y los sicarios de las organizaciones criminales que la justicia considera irrecuperables y de la máxima peligrosidad.

Recorremos las instalaciones con Cesar Roque Quispe, director del penal. Puneño de nacimiento con más de 21 años de servicio en el INPE, donde empezó como técnico, pasó luego a ser el vigía del torreón y es actualmente el encargado del recinto penitenciario. 

Allí no son necesarios los bloqueadores de celulares, pues no llega señal de ningún operador debido a lo inhóspito del lugar, que se suma a su altitud, de casi 5 mil metros sobre el nivel del mar. Escenario de motines, reyertas y fugas, la seguridad interna de Challapalca ha quedado a cargo del INPE. La externa está en manos de un contingente policial y, no muy lejos del perímetro carcelario, hay un cuartel del Ejército.

Tras estos portones y rejas se encuentran, asimismo, los cabecillas de dos organizaciones criminales que durante años desangraron las calles de Trujillo. Frente a nosotros, por ejemplo, el mandamás de “Los Pulpos” de El Porvenir. 

Entre otros reclusos, otro notorio sicario, condenado a cadena perpetua, muestra con orgullo ese macabro símbolo con el que se identifica. Es John Salas Pezo, que se hacía llamar el Escorpión.

Indagamos entre los custodios por otros dos internos que, según sabíamos, estaba en un área especial, lejos del resto de los internos, por razones de seguridad. Se trata del asesino de la joven Stephany Flores, el holandés Joran Van Der Slot y el también mediático criminal, cabecilla de barrio King, Gerson Gálvez o, simplemente, “Caracol”.

150 reos purgando condenas bajo condiciones climáticas tan despiadadas como los crímenes que ellos cometieron. 

Un encierro sin contemplaciones que los aleja de todo vínculo familiar y al que la sociedad ha tenido que recurrir para aislarlos.