Venezuela: sismo de magnitud 4,6 en La Guaira en plena emergencia
Miles de rescatistas junto a unidades caninas de élite desafían el peligro de las constantes réplicas vehiculares para hallar vida bajo las estructuras colapsadas.
El drama y el pánico se rehúsan a abandonar a Venezuela. Cuando las familias intentaban asimilar los estragos de la peor tragedia de los últimos años, un nuevo sismo de magnitud 4,6 volvió a sacudir con fuerza el norte de la nación caribeña.
El epicentro, ubicado a escasos kilómetros del ya golpeado estado de La Guaira, encendió nuevamente las sirenas de emergencia y desató el llanto y la desesperación de cientos de ciudadanos que salieron corriendo a las calles semidestruidas ante el temor fundado de que las estructuras que aún quedan en pie terminaran por venirse abajo.
Este nuevo temblor se suma a una cadena de terror compuesta por más de 400 réplicas que no han dejado de sacudir el suelo venezolano desde los terremotos del pasado 24 de junio.
La situación en el terreno es de una angustia indescriptible: las autoridades locales manejan la dramática cifra de aproximadamente 50 mil personas desaparecidas, hombres, mujeres y niños que permanecen sepultados bajo toneladas de concreto inestable.
Los rescatistas y las brigadas civiles se ven obligados a interrumpir sus labores de excavación cada vez que la tierra vuelve a crujir, desafiando el peligro inminente para no detener la búsqueda de sobrevivientes.
Solidaridad mundial y el valiente despliegue de voluntarios en dos ruedas
En medio del desamparo, un rayo de esperanza llega desde el exterior con el arribo de brigadas internacionales de asistencia humanitaria. Aviones procedentes de Cuba aterrizaron con personal médico especializado y experimentados equipos caninos entrenados para localizar señales de vida en catástrofes extremas.
A este esfuerzo se suma el gigante asiático, China, que anunció un importante fondo de emergencia de 14,72 millones de dólares en suministros médicos, alimentos de primera necesidad y campamentos de lona para mitigar el desabastecimiento crónico que sufren las más de 15 mil familias damnificadas por los sismos.
La movilización terrestre dentro de La Guaira se realiza bajo un estricto control de las fuerzas del orden, quienes han restringido el acceso a vehículos particulares para mantener las autopistas libres para el paso de ambulancias y maquinaria pesada de remoción de escombros.
Ante este bloqueo vial, el papel de los civiles ha sido heroico: cientos de motociclistas y voluntarios locales se han organizado en caravanas para cargar mochilas llenas de medicinas, agua embotellada y raciones de comida caliente, logrando esquivar las grietas de las carreteras colapsadas para llevar alivio directo a los sobrevivientes que se encuentran aislados en las zonas más elevadas y vulnerables de la costa venezolana.