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3.03.2015

El temido capo mexicano "La Tuta" terminó escondido en cuevas sucias

A pesar de que sus escondites eran sencillos, no le faltaban algunos pequeños lujos: botellas de buen vino, whisky de 18 años o hasta una antena para ver televisión.

Servando Gómez "La Tuta", el capo más buscado de México hasta su detención el viernes, pasó de regalar billetes en plazas públicas a vivir huyendo y escondido en espacios sucios como una claustrofóbica cueva donde solía encerrar a sus peores enemigos.

Este narcotraficante insólitamente mediático, líder del sanguinario cártel de Los Caballeros Templarios, debió cambiar los reflectores por una vida de bajo perfil como fugitivo en la sierra de Michoacán (oeste).

Dueño y señor de esas montañas, "La Tuta" podía esconderse "en cualquier lugar", desde una casa privada en la que irrumpía a la fuerza hasta en una choza anexa a un rancho de animales, explicó este lunes el jefe de la Policía Federal, Enrique Galindo, durante un recorrido con medios internacionales por algunos de los escondites del temido traficante.

El exmaestro de primaria, de 49 años, se movía como pez en el agua por las montañas de Tierra Caliente que conocía como la palma de su mano gracias a los negocios con la marihuana y los laboratorios clandestinos de crystal que ahí tenían los Templarios. 

El terror que infundió el cártel en la región provocó el alzamiento a inicios de 2013 de los llamados grupos de autodefensas, que se jactaron de haber participado en la búsqueda de Gómez "hasta debajo de las piedras".

Pero protegido por pobladores que le pagaban con lealtad las dádivas que les daba, "La Tuta" apenas estaba unos días o a veces unas horas en un lugar y, a lomo de burro, caballo o en pequeños todoterrenos se movía rápidamente a otro sitio.

El escurridizo capo logró esquivar dos operativos en los que estuvo a punto de caer. Durante uno de ellos, los policías llegaron a apreciar los platos de marisco a medio comer que dejaron el narco y los entre cinco y ocho hombres que solían acompañarle en su vida "a salto de mata", narró Galindo.

Escondites humildes con pequeños lujos

A pesar de que sus escondites eran sencillos y muchas veces improvisados, no le faltaban algunos pequeños lujos: botellas de buen vino, whisky de 18 años o hasta una antena para ver televisión por cable en una sencilla choza de su centro de operaciones en la sierra de Aguililla.

Comunicados mayoritariamente por sinuosos caminos de tierra y muchas veces camuflados entre la frondosa vegetación, los inaccesibles escondites de "La Tuta" y sus armas capaces de derribar helicópteros dificultaron los operativos de las fuerzas federales, que intensificaron la búsqueda del traficante a inicios de 2014 llegando a tener hasta 1.000 hombres acechándole.

 

 

 

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