Desde el penal ordenó a su hijo asesinar a chofer
El menor de 15 años grababa sus ataques y la Policía halló que el dinero de las extorsiones terminaba en cuentas vinculadas a internos del penal Sarita Colonia.
El mensaje salió desde el interior del penal Sarita Colonia. “Te van a ir a recoger y vas a disparar”. La orden, según la investigación policial, fue dirigida a un adolescente de 15 años. El objetivo: atacar a cualquier integrante de una empresa de transporte pesquero en el Callao. Días después, el chofer Boniek Mirabal Camones fue interceptado y asesinado durante su ruta habitual.
La Policía sostiene que detrás del crimen operaba una estructura que combinaba prisión y calle. El padre de uno de los implicados, recluido en el penal, coordinaba objetivos y presiones. Desde los barrotes se planificaban ataques. El menor ejecutaba.
¿Cómo se gestó la orden desde prisión?
Durante el interrogatorio preliminar de Christopher Aldair Rodríguez Loayza, este relató que su padre, interno en Sarita Colonia, lo llamó por teléfono. Le informó que tenía una “chambita”. La instrucción fue clara: disparar contra alguien vinculado a la empresa de transporte.
Las coordinaciones se realizaron por celular. La investigación determinó que la comunicación fluía pese al encierro. La prisión no detuvo la actividad delictiva; la reorganizó.
¿Qué papel cumplía el adolescente?
El menor no solo ejecutaba ataques. Su celular funcionaba como archivo de sus actos. Grababa recorridos, intimidaciones y escenas previas a atentados. En los registros se le observa empuñando armas con seguridad.
Para la Dirincri, el adolescente construyó una identidad criminal acelerada. En cada video reforzaba una imagen de dominio en las calles chalacas. La violencia dejó de ser amenaza y se convirtió en rutina.
¿Cómo ocurrió el asesinato del chofer?
Boniek Mirabal Camones realizaba su trayecto cuando fue interceptado. La investigación señala que el adolescente actuó sin titubeos. El ataque consolidó su rol dentro de la organización.
Compañeros de trabajo describen a la víctima como un joven dedicado a su familia y enfocado en progresar. Tras el crimen, transportistas paralizaron actividades en señal de protesta y temor.
¿Qué reveló el análisis de los mensajes extorsivos?
El caso tomó un giro inesperado cuando se detectó que parte de los mensajes salían de un chip vinculado a la propia víctima. Las autoridades investigan si fue manipulado o si existió algún nivel de infiltración.
El general Víctor Revoredo, director de la Dirincri, indicó que el análisis técnico permitió identificar la trazabilidad de las comunicaciones.
¿A dónde iba el dinero de las extorsiones?
Según la Policía, los pagos terminaban en manos de Óscar Julio Cruzado Peña, interno por tráfico ilícito de drogas. El flujo económico evidenció la conexión entre la calle y el penal.
La empresa de transporte pesquero era blanco de amenazas desde hace años. Se exigía un pago inicial de 50 mil soles y cuotas diarias por cada unidad operativa.
¿Qué antecedentes vinculan al menor con otros crímenes?
El análisis balístico reveló coincidencias entre el arma vinculada al adolescente y otros hechos violentos. Uno de ellos es el asesinato de Darío Wilfredo Puente Sánchez, ocurrido el 29 de marzo del año pasado.
La homologación de municiones permitió establecer relaciones técnicas entre los casos.
¿Cómo se logró la captura?
Un operativo simultáneo permitió la detención de cuatro presuntos integrantes de la banda, incluido el adolescente. La intervención se activó tras identificar el vehículo blanco utilizado en el último atentado.
En paralelo, se allanaron celdas dentro del penal Sarita Colonia. Las diligencias confirmaron que la estructura mantenía capacidad de coordinación pese al encierro.
La detención del menor expone una red que utilizaba a jóvenes como ejecutores directos. Las investigaciones continúan para determinar responsabilidades penales y ampliar el alcance de la organización.
El caso deja en evidencia la articulación entre prisión y calle en delitos de extorsión y sicariato. Mientras el proceso avanza, los transportistas del Callao siguen trabajando bajo la sombra de amenazas que, según la Policía, ya tenían un origen identificado.
• La instrucción fue transmitida a su hijo adolescente mediante llamadas telefónicas.
• El menor de 15 años grababa sus acciones y exhibía armas.
• El dinero de las extorsiones llegaba a internos del penal.
• El análisis balístico vincula el arma con otros crímenes.
• Cuatro presuntos integrantes fueron detenidos en operativo policial.