El voto adelantado

¿Qué se necesita para que el "Que se vayan todos" deje de ser tendencia en redes y aterrice en la cruda realidad?

(Video: Canal N)

Reportaje: ALCIDES HOYOS (@ahoyosmejia)

El Congreso de la República cuenta con los mecanismos legales para recortar los mandatos del presidente Pedro Castillo y de los mismos parlamentarios, un escenario extremo que surgió en medio de la interminable crisis política que nos aqueja. Pero, ¿es realmente posible que prospere un adelanto de elecciones?

En medio de sus impostergables intentos por detener a la Sunedu y al enfoque de género, una propuesta legislativa llegó esta semana al despacho de cada congresista. Es un proyecto de ley que plantea elecciones generales antes del 2026.

La congresista Susel Paredes hizo suya la autógrafa que había presentado, el último 28 de abril, el oficialista Pasión Dávila. El documento había sido firmado también por otros ocho miembros de la bancada de gobierno, pero apenas duró un día en la mesa de partes del Poder Legislativo.

Waldemar Cerrón, vocero de Perú Libre en el Congreso, no quiso admitir un craso error: que la potencial bomba autodestructiva activada por Pasión Dávila había sido firmada sin ser leída. Su manera de explicar el desliz, aunque no dice nada, es más que elocuente.

La irrupción de proyectos de ley como este ha disgustado por igual a extremos que cada vez se muestran menos irreconciliables.

Junto con el proyecto de Susel Paredes está pendiente en la comisión de Constitución el texto de la congresista Digna Calle, de Podemos Perú. Su propuesta también plantea adelanto de los comicios generales.

¿Pero qué se necesita para que el ‘Que se vayan Todos’ deje de ser tendencia en redes y aterrice en la cruda realidad?

Hace 22 años, tras la implosión del régimen fujimontesinista, el Congreso de aquel entonces se vio obligado a modificar transitoriamente la Carta Magna para poder convocar a elecciones generales adelantadas. Es el antecedente de una salida constitucional ante un cuadro severo de líderes con discutida legitimidad.

El Ejecutivo ha amagado varias veces su propia propuesta de adelanto de elecciones. En la otra acera, la del Legislativo, cada congresista analiza la crisis dependiendo de qué tan puesta tenga la vista en su ombligo.

El desgaste del gobierno y del parlamento no es un invento. Lo dicen las calles, pero también el grueso de encuestas que ubican el rechazo a ambos poderes del Estado por encima del setenta por ciento. Esos mismos sondeos plantean como alternativa saludable a la crisis el adelanto del próximo proceso electoral presidencial y congresal.

Algo curioso es que, aunque imperceptibles para la ciudadanía, hubo intentos por reformar el sistema electoral en los últimos años. Pero poco se logró hacer para darle un giro integral a todo el aparato político que hay detrás.

Ante dicho panorama, figuras como el expresidente Francisco Sagasti propusieron alternativas de iniciativa civil para salir del atolladero.

El constitucionalista Luciano López elaboró un anteproyecto de ley que sugiere un reajuste del sistema político. Plantea, junto con el adelanto de elecciones, que ningún sentenciado por una serie de delitos dolosos o de corrupción pueda formar partidos políticos, postular a puestos en el sector público o contratar con el Estado, entre otras modificaciones que buscan un funcional balance de poderes.

En el Congreso, durmiendo plácidamente en la comisión de Constitución, hay iniciativas de ley que plantean reformas siempre parciales al sistema.

El debate de las iniciativas de reforma y de adelanto de elecciones podría tomar meses – en el mejor de los casos – antes de dar paso a una hoja de ruta real.

Así sean los ciudadanos o el Ejecutivo, en un arranque de autocrítica, los que promuevan el fin del actual mandato constitucional, lo cierto es que toda salida legal al problema político pasará sí o sí por el Congreso de la República.

 

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