Mujer fue asesinada en una calle de San Martín de Porres
La víctima fue identificada como Leonela María Patricio Anticona, cuyo cuerpo quedó tendido en la calle El Bosque tras ser atacada a quemarropa por un sicario que actuó junto a dos cómplices.
La ola de violencia que azota la capital sumó un nuevo y sangriento episodio en el distrito de San Martín de Porres. Una mujer fue asesinada de manera brutal en una zona descampada y con escasa iluminación artificial, sembrando el terror entre los vecinos de las inmediaciones.
El homicidio, ejecutado bajo la modalidad de sicariato selectivo, movilizó de urgencia a las unidades de emergencia, abriendo una nueva carpeta de investigación en los registros del Ministerio Público por la crueldad con la que actuaron los criminales.

De acuerdo con las declaraciones unánimes de los testigos presenciales, el crimen ocurrió en la calle El Bosque, un sector colindante con la estructura de un centro educativo local. Aprovechando las altas horas de la noche y el tenue alumbrado público que caracteriza a esta vía, los delincuentes a bordo de un automóvil de color negro detuvieron la marcha de forma intempisiva.
Bajo el uso de la fuerza física, obligaron a descender a la víctima antes de que uno de los ocupantes abriera fuego contra ella a quemarropa. El tirador efectuó seis disparos directos hacia el cuerpo de la mujer, dejándola tendida sobre el pavimento para luego abordar velozmente la unidad y escapar con rumbo desconocido.
Datos clave de los sospechosos y diligencias en la escena
Las primeras pesquisas policiales permitieron establecer la identidad de la persona fallecida. Se trataría de Leonela María Patricio Anticona, de 32 años de edad.
Los residentes del lugar que presenciaron el ataque aportaron un testimonio clave para los agentes del orden: detallaron que el autor material de los disparos no era la persona encargada de conducir el vehículo, sino que viajaba en el asiento del copiloto y se encontraba acompañado en la parte posterior por un tercer sujeto, confirmando que la red criminal estaba integrada por al menos tres personas para asegurar la ejecución del plan.
Ante el pánico desatado por las ráfagas de las balas, los moradores del barrio se comunicaron de inmediato con las centrales de emergencia.
Los profesionales de la salud del Servicio de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) fueron los primeros en arribar a la escena del crimen; sin embargo, debido a la gravedad de los impactos recibidos en órganos vitales, solo pudieron certificar el deceso instantáneo de la mujer.

Minutos más tarde, personal de la comisaría PNP de Pro acordonó minuciosamente el perímetro para salvaguardar los casquillos de bala y las evidencias balísticas esparcidas en la vía pública.
Con la presencia del fiscal de turno, los efectivos procedieron a realizar los peritajes de ley correspondientes y autorizaron el levantamiento del cadáver para su posterior traslado hacia la Morgue Central de Lima, donde se le practicará la necropsia dispuesta por la normativa nacional.
Las investigaciones preliminares para esclarecer el móvil del asesinato han quedado centralizadas en el Departamento de Investigación Criminal (Depincri) de San Martín de Porres.
Los peritos de criminalística ya han solicitado el acceso a las grabaciones de las cámaras de seguridad instaladas en los negocios de las avenidas troncales cercanas, con el propósito de identificar la placa de rodaje del vehículo negro y reconstruir la ruta de escape empleada por los sicarios.
¿Cuál es el protocolo policial ante el hallazgo de una escena del crimen por arma de fuego?
Frente a un hecho delictivo que involucre el uso de armas de fuego y deje consecuencias fatales, la Policía Nacional del Perú aplica un estricto protocolo de intangibilidad para preservar la escena del crimen, conocido técnicamente como el aislamiento y la protección del lugar.
Los primeros efectivos en llegar tienen la obligación de colocar cintas de seguridad en un radio amplio para evitar que peatones, curiosos o la propia prensa contaminen los indicios físicos. Está terminantemente prohibido tocar o mover el cuerpo, los casquillos, cartuchos o huellas de neumáticos hasta que se hagan presentes los peritos de criminalística especializados y los fotógrafos forenses.
Este rigor científico es crucial, ya que la correcta recolección y cadena de custodia de las evidencias balísticas y biológicas servirán como pruebas incriminatorias irrefutables durante el posterior proceso judicial contra los responsables.











