Hoy:

    Joven asesinado en su primer día como colectivero en av. México

    Era padre de una niña de 2 años, cursaba el séptimo ciclo de Ingeniería Civil y trabajaba en vacaciones para ayudar a su familia con los gastos.

    Foto y video: América Noticias

    La madrugada del miércoles comenzó como cualquier otra, pero para Diego fue la última. Tenía solo 20 años, cursaba el séptimo ciclo de Ingeniería Civil y aprovechaba sus vacaciones universitarias para trabajar como colectivero. Era su primer día en un paradero de la avenida México, en Lima. A las 5 de la mañana, dos hombres en moto lo atacaron a balazos. Cuatro disparos le arrebataron la vida.

    Diego fue sorprendido mientras hacía cola para salir rumbo a Ica. Uno de los agresores se le acercó, aparentemente para preguntarle algo. Segundos después, una moto con dos ocupantes se detuvo frente a él. Sin mediar palabra, abrieron fuego. Dos disparos en la cabeza, dos en el pecho. Diego cayó al suelo. No hubo oportunidad de auxilio.

    ¿Quién era Diego y por qué decidió trabajar en vacaciones?

    Diego era padre de una niña de dos años. Su hija vivía en Huaral junto a su pareja. Pese a su corta edad, asumió su rol con responsabilidad. Buscaba siempre formas de generar ingresos para apoyar a su familia. Por ello, durante el receso académico, decidió viajar a Lima y alquilar un auto para hacer colectivo en la ruta Ica–Lima.

    Su padre cuenta que no fue una decisión apresurada. Habían conversado. Estaban viendo opciones para que pudiera establecer un negocio propio. Pero mientras tanto, decidió trabajar. Era un joven determinado, con metas claras, con la ilusión de formar un hogar y salir adelante.

    Fuente: Domingo Al Día
    Fuente: Domingo Al Día

    ¿Cómo fue su último contacto con la familia?

    Horas antes del crimen, Diego intercambió mensajes con su padre. Le avisó que estaba haciendo cola para salir hacia Ica. Como siempre, su papá le pidió que manejara con cuidado, que descansara. Esa fue la última conversación entre ambos.

    A las pocas horas, recibió una llamada que no logró contestar. Luego llegó un mensaje de voz: “Tu hijo está tirado, tienes que ir”. El mundo se vino abajo. La desesperación fue inmediata. La familia quedó paralizada. Nadie entendía lo que había ocurrido.

    ¿Cuál era su rutina y qué se sabe del ataque?

    Diego había llegado a Lima días antes. Había contactado a un conocido que le alquiló un vehículo. El martes inició su jornada. La madrugada del miércoles se encontraba en el paradero de la avenida México, esperando su turno para salir rumbo a Ica. Todo parecía estar en orden.

    Pero de pronto, lo abordaron. Primero, una persona que se le acercó a conversar. Luego, una moto con dos hombres. Le dispararon sin provocación. Aún no se determina si se trató de un asalto, una represalia o una advertencia dentro del transporte informal.

    ¿Qué sueños tenía Diego?

    Desde pequeño fue un apasionado de los autos. Soñaba con tener el suyo. Por eso estudiaba. Quería trabajar, salir adelante, tener su casa, criar a su hija. Además, compartía con su padre otra afición: la pesca. Iban juntos al mar en Ica, lanzaban el anzuelo y pasaban la tarde entre historias, risas y enseñanzas.

    También era bromista. Alegre. En casa hacía reír a todos. Jugaba con su hija, bailaba, incluso sin saber hacerlo. Su familia lo recuerda como un joven cariñoso, comprometido, siempre dispuesto a ayudar.

    ¿Cómo reaccionó su familia ante la tragedia?

    El golpe fue devastador. Su padre, su madre, su abuela, su tía. Nadie podía creerlo. “No lo merecía”, dijo su madre entre lágrimas. “Nosotros veíamos estos casos por televisión, nunca pensamos que nos tocaría”, señaló su padre. “Lo mataron por querer trabajar”, gritaba la abuela, mientras el dolor la quebraba.

    La noticia dejó un vacío inmenso. Diego era el bastión de la casa. El mayor. El que siempre estaba. El que acompañaba, el que ayudaba, el que soñaba. Hoy solo queda su ausencia.

    Fuente: Domingo Al Día
    Fuente: Domingo Al Día

    ¿Qué pide la familia de Diego?

    Piden justicia. Exigen que el crimen no quede impune. Que se investigue, que se encuentre a los responsables. La tía de Diego lo resume: “Hasta que no les pase a ellos, no harán nada. Pero cuando le pasa a uno, el país duele”.

    La abuela, entre sollozos, no cree en la justicia. Pero aun así, espera respuestas. Nadie entiende qué pasó ni por qué lo mataron. “Mi hijo no estaba metido en nada”, insiste el padre. “Quizás fue una advertencia, un error, o simplemente el primero que encontraron”.

    Mientras tanto, su hija, de apenas dos años, pregunta por su papá. No entiende por qué ya no está. No sabe que fue víctima de una violencia que no da tregua. Su risa, sus juegos, sus abrazos quedaron solo en videos y recuerdos. Su padre no volverá. Pero su historia no puede ser una más en el olvido.

    • Diego, de 20 años, fue asesinado de 4 disparos en un paradero de Lima
    • Era estudiante de Ingeniería Civil y tenía una hija de 2 años
    • Estaba en su primer día como colectivero durante sus vacaciones universitarias
    • Fue atacado por dos hombres en moto cuando esperaba pasajeros
    • Su familia exige justicia y teme que se trate de un crimen vinculado al transporte informal