Cerro a la izquierda

El proyecto Apu Fellas revaloriza un espacio para todos los limeños

Foto: Cuarto Poder

Decían que esta ciudad siempre le dio la espalda al mar, pero es obvio que también le ha volteado la cara a esta, la montaña donde Catalina Huanca, quien vivió en estado de virginidad hasta los 94 años, escondió sus mayores tesoros.

Esta es la impresionante vista que ofrece un apu ninguneado, el gran cerro de El Agustino, el lugar pobre que fuera epicentro del COVID-19 el año pasado y sobre cuyas faldas parecen desplegarse los tentáculos luminosos de la ciudad de 10 millones de cabezas.

Esta cima ha sido reconquistada por un grupo de jóvenes que se cansaron de que los miren como habitantes del patio trasero de Lima. Así surge Apu Fellas, los patitas del cerro que coronan esta cúspide con harto arte urbano.

Un proyecto que ha empezado por retirar toda la basura posible para que la mirada se pierda en el horizonte. Los Apu Fellas no llegan ni a dos puñados, pero tienen la valentía de donar parte de su sueldo para que los niños reciban talleres de dibujo.

Algunos domingos se realizan festivales de ayuda social y se convocan barberos que donan su tiempo acicalando a los niños y adolescentes de estas alturas limeñas y de manera gratuita.

Larga vida al proyecto Apu Fellas, larga vida al cerro que tiene la vista más gloriosa de la ciudad. 

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