¿Habrá sanción para Universitario? Informe lapidario del árbitro
El informe arbitral del partido entre Universitario de Deportes y UTC por la fecha 7 del Torneo Apertura de la Liga 1 2026 ya es público y añade un elemento clave en la evaluación disciplinaria del caso. El documento, elaborado por el árbitro FIFA Michael Espinoza, confirma la activación del protocolo antirracismo en los minutos finales del compromiso.
Según lo consignado, la acción se produjo tras el cobro de un penal a favor del conjunto crema, cuando Piero Serra y Ángelo Campos alertaron al juez sobre presuntos insultos desde la tribuna sur del Estadio Monumental. El colegiado decidió verificar la situación directamente en el campo, en pleno tiempo añadido.
“Procedí a mirar a dicho sector de la tribuna por pedido de ellos (Ángelo Campos y Piero Serra) y, efectivamente, logré escuchar a un grupo de personas que gritaban haciendo el sonido característico que hacen los monos”, precisó el árbitro FIFA. El episodio ocurrió mientras Alex Valera se preparaba para ejecutar el disparo desde los doce pasos, acción que terminó sellando el 2-0 a favor de Universitario.
Universitario responde y entra en juego el nuevo reglamento
Pese a lo señalado en el informe, desde Universitario sostienen que no existieron actos racistas en su recinto y aseguran contar con registros audiovisuales para respaldar su postura. El club busca evitar sanciones en un momento clave del campeonato, considerando que en su calendario próximo figura el clásico ante Alianza Lima, previsto para inicios de abril.
El caso se da en un contexto de cambios normativos en la Liga 1. Días atrás se oficializó el reglamento 2026, que introduce modificaciones en los castigos por actos de discriminación racial en los estadios. Hasta la temporada pasada, las sanciones contemplaban entre uno y dos partidos a puertas cerradas para los clubes involucrados.
Con el informe de Espinoza como principal sustento, la Comisión Disciplinaria deberá determinar si corresponde aplicar medidas contra Universitario. El episodio vuelve a poner en discusión la efectividad de los protocolos y el control en las tribunas del fútbol peruano.