Niño con pataleta

Unos dicen que llegó y otros que está por llegar, pero mientras se confirma, las corrientes cálidas que parecen precederlo y  que enloquecen el clima del país entero y hasta del norte chileno ya anuncian la pataleta de El Niño. Pero ¿qué es y cuáles fueron sus visitas más devastadoras?  ¿Qué lecciones ha dejado que ninguna autoridad parece haber aprendido? 

¿Son los huaicos sinónimo del temido fenómeno? ¿Son los calores extremos, los oleajes anómalos, las lluvias con relámpagos y truenos en el norte, los vientos intensos en el sur, el granizo en la sierra, la ruptura de la carretera central e incluso las inundaciones en Chile en zonas donde no llovía hace 18 años consecuencias del Niño?

José Chlimper, empresario y ex ministro de Agricultura, dice: "lo que pasa es que hay una definición técnico/jurídico/legal que necesitamos 90 días de condiciones de Niño para que se declare Niño".

Para el ingeniero Hugo O´Connor, especialista en Estudios de Riesgo de Desastre y quien ha investigado la zona de Chosica desde 1988, existe una relación directa entre las altas temperaturas en Lima y los huaicos más destructivos de la capital.

Es que el problema radica en que no hemos aprendido nada en las últimas décadas a pesar de los estudios y de tener registradas estas dolorosas imágenes. Existen evidencias de sobra de cuales son las quebradas que se activan durante estas temporadas, pero nuestras autoridades han permitido que estas se pueblen aun más.

Los registros muestran que en 50 años, en el Perú hemos vivido 20 eventos de El Niño, pero los más devastadores, catalogados como Extraordinarios por su larga duración fueron los que se iniciaron en 1982 y 1997, que duraron 17 y 19 años respectivamente.

Durante El Niño de 1982 y 1983, el 80% de los daños fueron en el norte del país. El impacto económico se estimó en unos 1000 millones de dólares tanto por excesivas lluvias como por sequías y 380 personas murieron por huaicos, inundaciones, deshidratación y hambre. Las enfermedades y la destrucción de viviendas también impactaron fuertemente en la población.

En 1997 y 1998, El Niño fue aun más fuerte, pero gracias al oportuno anuncio de su llegada, se pudo tomar algunas medidas de prevención. De todas formas, murieron 358 personas y entre Tumbes y Lima ocurrieron los mayores desastres afectando miles de viviendas, carreteras y servicios básicos.Los daños totales calculados, entre todos los sectores, ascendieron a 3500 millones de dólares.

No se trata del Niño, se trata de nosotros, de nuestras autoridades, de nuestra política de prevención y la capacidad de reacción ante las emergencias. ¿Podremos algún día reaccionar mejor?

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