Lima tiene en su destino un fuerte terremoto pendiente, lo dice su historia geológica. Desastre con epicentro en su territorio que puede ocurrir hoy, mañana o dentro de veinte años, pero que inexorablemente ocurrirá.
En el Centro Peruano Japonés de investigaciones sísmicas y mitigación de desastres hace tiempo que analizan a los movimientos telúricos dentro del Perú y gracias a sus estudios nos podemos hacer una idea de lo que ocurriría en Lima tras un sismo que supere los ocho grados en la escala de Richter, es decir, un terremoto. Los últimos fueron en el 40, en el 66 y en el 74.
Lo cierto es que, en estos momentos, la inmensa Lima Metropolitana con casi nueve millones de habitantes alberga en sus límites verdaderas bombas de tiempo. El criterio, es el tipo de suelo en el que están levantadas las construcciones, el suelo más peligroso es el suelo arenoso, mientras que el mejor es el rocoso y sin pendientes.
Las zonas más vulnerables, en este aspecto son La Molina, Villa el Salvador, Ventanilla y Chorrillos. Pero el peor enemigo, más allá de los suelos y el propio movimiento telúrico es la autoconstrucción de las viviendas. Los ingenieros de la Universidad Nacional de Ingeniería estiman que cerca de un 75% de las construcciones limeñas son informales, sin licencia, autoconstruidas, levantadas sin seguir patrones mínimos de seguridad e ingeniería civil.
Las zonas más vulnerables tanto por la calidad de sus suelos como por la precariedad de sus construcciones, algunas partes de Comas y San Juan de Lurigancho, pero en especial Villa el Salvador y su casi millón de habitantes, Ventanilla y sus casi 300 mil, y Chorrillos y sus 290 mil. En el caso de producirse un tsunami posterior, los distritos más afectados serían Ancón y la Punta y Chorrillos, toda la zona cercana a Villa sería inundada.
No en vano, las predicciones sobre las consecuencias de un terremoto de proporciones en Lima son las siguientes, tome nota: 51 mil muertos, casi 700 mil heridos, 200 mil casas destruidas y otras 348 mil con daños severos. Pero ni los habitantes de la ciudad de Lima del 2012 ni sus autoridades parecen querer tomar conciencia de la cultura preventiva. Aún en sus zonas menos pobres alberga verdaderas trampas mortales. A continuación sólo algunas de ellas.
La Costa Verde con más de 20 kilómetros de largo. Acantilados en erosión permanente que tiene un promedio de 50 metros de altura, un circuito de concurridas playas que tiene con solo cuatro salidas en los distritos más visitados durante todo el año y en espacial en el verano. Miraflores, Barranco y Chorrillos, acusan una peligrosísima congestión en horas punta de día y de noche.
En barranco, las piedras caen todos los días a la pista porque no se ha terminado de levantar las mallas de contención. Lo más preocupante es lo que está ocurriendo con los acantilados barranquinos. Más allá de lo paisajístico, la pertinaz construcción de edificios en pleno talud, ya se han levantado varios, y en este momento son cuatro los que se están construyendo en una zona que, tal cual, indica el mapa de suelos de CISMID, que colorea de rojo esta franja costera, es el peor suelo de Lima, en términos telúricos.
La actual gestión de la municipalidad de Barranco aduce que se encuentra atrapada porque todos los permisos de construcción fueron otorgados por el anterior alcalde Felipe Mezarina y que ahora el poder judicial les impide anular las licencias.
En Chorrillos, en Agua dulce lo único que hay es un solitario cartel de evacuación. El problema es que si uno sigue la dirección que indica la flecha se topa con un muro de más de metro y medio de alto, de reciente construcción. El par de escaleras colocadas no soluciona la situación de riesgo. El alcalde Augusto Miyashiro, cuyo distrito corre peligro por su cercanía al mar y la precariedad de muchas de sus viviendas, no se molestó en atendernos.
Otra de estas trampas mortales está ubicada en medio de de una de las zonas más caras de Lima cuyo metro cuadrado puede llegar a costar hasta 3 mil dólares. Un lugar llamado Los Cerros de Camacho, plagado de edificios ya construidos, convertido ahora en un emblema del ascenso social a costa de la vulnerable seguridad de sus habitantes, los antiguos y los que están por venir.
En este momento 14 nuevos edificios de más de quince pisos, con licencias entregadas en anteriores gestiones edilicias se están construyendo al mismo tiempo alrededor de una sola y estrecha vía, aprovechando temerariamente cualquier rincón de cerro . El alcalde del distrito Roberto Gómez Baca, según los vecinos no acusa recibo de este clamor ciudadano. Pedimos entrevista con Gómez pero tampoco nos atendió. Fue el subgerente de Defensa Civil quien ensayó alguna explicación.