Y así fue, no sé si por fe o por darnos un último manotazo de apoyo, el hecho es que padres, hermanas, cuñados, nos prestaron 45,000 dólares con los cuales a mediados del año 94 inauguramos nuestro primer restaurante, Astrid y Gastón, dinero que pagamos con mucho esfuerzo, trabajando 20 horas diarias de lunes a domingo, lavando servilletas y manteles en nuestra casa para ir ahorrando. Privándonos durante largos años de unas vacaciones más que merecidas. Y así poco a poco aparecería el segundo restaurante, y luego el primer país extranjero, Chile, donde llegaríamos con nuestra propuesta culinaria y luego más países y más restaurantes, pero sobretodo lo más importante de todo, el inicio de lo que sería este hermoso movimiento llamado cocina peruana del cual me siento orgulloso de formar parte. Un movimiento que busca hacer de la cocina un instrumento de paz, concordia, oportunidades y orgullo para todos los peruanos.
Hoy mirando atrás, vemos cómo tenemos muchas marcas de restaurantes, estamos en 15 ciudades por todo el mundo, tenemos bajo nuestro mando a mas de 3,000 personas, pero siempre nos queda como lo mas importante dos cosas: Nuestras hijas, Ivalu y Kiara, a quienes amamos y nos sentimos orgullosos de los sentimientos nobles que atesoran sus corazones; y nuestra patria, el Perú, tan llena de retos por enfrentar, retos en los cuales siempre estaremos presentes, con patriotismo, con honor, con amor a nuestro pueblo.