AL AIRE :
Marimar 9:30am
Luego: Mi destino eres tu 10:30am
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Biografía

Nací en lima hace 43 años. Desde niño me gustó mucho la cocina. Con mis propinas iba al mercado y en vez de caramelos, me compraba calamares, que luego freía en casa siguiendo recetas del libro de cocina francesa que mi abuela, la noble Genoveva, atesoraba en la alacena. Recuerdo eso sí que nadie se atrevía a comer lo que preparaba. Después de todo puedo imaginar que un plato hecho por un niño de 9 años, leyendo y sobretodo interpretando un recetario francés a esa edad el resultado no debe haber sido el mejor.

A los 17 años quise ser cocinero. Pero claro, eran otros tiempos. Mi padre no podía entender cómo un hijo al que había preparado toda una vida para alcanzar los más grandes destinos de la nación, podía optar por un oficio que por más digno que sea, ni en sus mas lejanas predicciones, estaba destinado para mí. Y así de pronto me encontré en medio de la Universidad Católica, de la cual fui expulsado en sólo 6 meses. Y luego en Madrid, en la Universidad Complutense. En la que con mucho esfuerzo pude llegar hasta el tercer año.
Sin embargo el mundo estaba cambiando, los cocineros en Europa empezaban a decir cosas, a salir en los periódicos. A liberarse de un largo tiempo de ostracismo en los que eran los restaurantes los que brillaban mientras el cocinero parecía haber sido relegado al único rol de cocinar y callar.
Un día, cuando todo parecía ser como hasta ese entonces había sido: un día más triste y resignado, llegó a mis manos la revista del diario el país en España. Y allí estaba, Juan Mari Arzak, el cocinero que revolucionó la gastronomía española. Allí estaba él, de blanco, con una sonrisa de felicidad y orgullo por lo que hacía, en primera plana, contándole a la gente porqué en ese momento lo que encarnaba era importante para toda España. Un cocinero de blanco que le decía al mundo: Los cocineros tenemos mucho que contar. Y en ese instante armado de valor, deje las aulas de derecho para matricularme clandestinamente en la facultad de gastronomía.
Mis padres sólo lo supieron cuando todo estaba consumado. Recuerdo que cuando venían a visitarme, escondía los libros de cocina y volvía a poner sobre las mesas los de derecho. Así viví un par de años hasta que el supuesto abogado Gastoncito llegaba a Lima de retorno. Y fue allí en ese mismo instante que tuve que revelar la verdad. No era abogado. Era cocinero.

Mis padres defraudados y sobretodo muy preocupados en un último intento por salvar a esta oveja descarriada, apoyan mi sueño de irme a seguir formando como cocinero a Paris. Y fue ese apoyo el que me permitió no sólo formarme en una de las escuelas más importantes del mundo de aquel entonces, le Cordon Bleu de Paris, sino que además me permitió conocer a quien transformó mi vida para siempre: mi esposa Astrid.
En un gesto de amor sin precedentes, decide dejarlo todo para venirse a vivir a un Perú de comienzos de los 90, con terrorismo, hiperinflación, racismo, indiferencia. Junto con ella, nos pusimos a trabajar desde el primer día: yo armando lo que luego sería le Cordon Bleu Perú, ella en una famosa cadena de pastelería. Recuerdo que mientras tanto buscábamos locales para hacer realidad el sueño de nuestro restaurante propio, y lo hacíamos sin tener un sólo centavo en el bolsillo, con la convicción que llegado el momento habría gente que tendría fe en nuestro sueño.
Y así fue, no sé si por fe o por darnos un último manotazo de apoyo, el hecho es que padres, hermanas, cuñados, nos prestaron 45,000 dólares con los cuales a mediados del año 94 inauguramos nuestro primer restaurante, Astrid y Gastón, dinero que pagamos con mucho esfuerzo, trabajando 20 horas diarias de lunes a domingo, lavando servilletas y manteles en nuestra casa para ir ahorrando. Privándonos durante largos años de unas vacaciones más que merecidas. Y así poco a poco aparecería el segundo restaurante, y luego el primer país extranjero, Chile, donde llegaríamos con nuestra propuesta culinaria y luego más países y más restaurantes, pero sobretodo lo más importante de todo, el inicio de lo que sería este hermoso movimiento llamado cocina peruana del cual me siento orgulloso de formar parte. Un movimiento que busca hacer de la cocina un instrumento de paz, concordia, oportunidades y orgullo para todos los peruanos.
Hoy mirando atrás, vemos cómo tenemos muchas marcas de restaurantes, estamos en 15 ciudades por todo el mundo, tenemos bajo nuestro mando a mas de 3,000 personas, pero siempre nos queda como lo mas importante dos cosas: Nuestras hijas, Ivalu y Kiara, a quienes amamos y nos sentimos orgullosos de los sentimientos nobles que atesoran sus corazones; y nuestra patria, el Perú, tan llena de retos por enfrentar, retos en los cuales siempre estaremos presentes, con patriotismo, con honor, con amor a nuestro pueblo.
Del primer MasterChef Perú

Espero que el ganador de MasterChef sea el mejor cocinero peruano escondido que hayamos podido encontrar. Espero que cocine bien, que se sienta orgulloso de sus raíces y que conozca bien sus productos y tradiciones pero por sobretodo que encarne y sea ejemplo de lo que los cocineros peruanos deben de ser. Una persona generosa, humilde y siempre dispuesta a enfrentarse a cualquier batalla.

Sobre MasterChef Perú

Es fascinante poder hacer un programa como éste porque el momento ya lo pedía a gritos. En todo el mundo se hacen realitys de cocina y el Perú, llamado a ser potencia gastronómica mundial necesitaba poner uno como éste para seguir avanzando en ese camino. Hacerlo lo mejor posible, ese es el gran reto que nos toca.

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La cocina peruana es el único espacio en donde todos los peruanos sin importar condición ni pensamiento, están unidos y orgullosos entorno a un mismo sentimiento. La cocina peruana es generosa, sabrosa, ligera, auténtica, colorida, traviesa, diversa, tolerante. Es en consecuencia dentro de lo que el mundo juzga una cocina moderna por naturaleza.
La biodiversidad del Perú es envidia del mundo. Los cocineros estamos llamados a defender este tesoro que es de todos los peruanos.

En un plato peruano están representados todos los peruanos. En un plato peruano está el más hermoso ejemplo de tolerancia jamás dado. Todos reunidos dialogando y entregando lo mejor de cada uno, para juntos ir construyendo una formula, una receta, que fruto de esa combinación de sentimientos se convierte en algo hermoso y único. Si en todo lo demás siguiéramos el ejemplo de la cocina, que grande sería nuestra patria.

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