Uber: estos son los pros y contras de la aplicación de servicio de taxi

La reciente protesta de los taxistas tradicionales abrió todo un debate en torno a esta app 

La semana pasada un grupo de taxistas peruanos protestó contra Uber / Foto: archivo El Comercio

Se veía venir. La semana pasada un grupo de taxistas peruanos protestó contra Uber, la empresa estadounidense con fachada de aplicativo celular cuya tecnología está revolucionando el transporte de personas a nivel mundial. 

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Protestas similares han ocurrido en distintas partes del mundo: México, Argentina, Colombia, Londres, desde que esta modalidad de transporte privado irrumpiera en el mercado el año 2012.  

Lo paradójico es que mientras que en otros países Uber amenaza la formalidad de taxistas que dan un servicio muy profesional y a quienes les cuesta muchísimo obtener una licencia, aquí en Perú está sucediendo lo contrario, pues los que se sienten amenazados y están pegando el grito en el cielo son los peores y más informales taxistas del mundo.  

En Lima existen cerca de 100 mil taxis inscritos en el Servicio de Taxi Metropolitano (Setame) y casi 20 mil en el Callao. Pero hay estudios que indican que además hay otros 100 mil vehículos taxistas informales.  

La mayoría te llevan a donde les da la gana, paran en cualquier parte, ocupan el 70% de las vías, tienen autos viejos, inseguros, contaminantes, que se malogran a cada rato, además te pueden asaltar y hasta violar y cuando la autoridad municipal fiscaliza los conductores, que a veces ni siquiera tienen brevete, pueden reaccionar con violencia. 

“En otras ciudades, Uber ha venido a desorganizar (el sistema de taxis), en el caso peruano la regla es diferente, aquí la competencia del taxi es precio”, indicó Lino de la Barrera, experto en transporte.   

La gente, los consumidores, parecen estar felices con estos aplicativos como Uber, taxi Beat, o Easy taxi quienes ofrecen la llegada, casi mágica, de un auto limpio, moderno, y con un chofer amable dispuesto a transportarnos a donde queramos con solo apretar un botón, luego de habernos registrado como usuarios y con una tarifa hasta 20% más barata. 

“La visión de Uber es que haya un transporte confiable para todo el mundo, pero también accesible para todos”, dijo Catalina Ochoa de Uber – Perú. 

Para el segmento premium,  la competencia de estas aplicaciones les viene bien, aunque no compiten con las mismas reglas. 

“En el caso de Uber, ese proveedor del servicio puede ser un operador que tiene un permiso o un particular, la ley dice para prestar un servicio necesitamos tener una autorización”, agregó De la Barrera. 

La lucha encarnizada entonces se libra con el segmento de taxis informales pero, sobre todo, con los de estación, es decir aquellos que operan bajo el amparo de empresas cascarón que visten de formalidad lo que evidentemente no lo es, los cuales, sin embargo tienen derecho al pataleo porque han hecho sus trámites: más de 100 mil unidades. 

“No se está haciendo una fiscalización correcta, porque a los formales nos maltratan los inspectores, la municipalidad pero a las empresas cascarones como Uber no les fiscalizan si cumplen con las ordenanzas”, dijo Félix Runco Vásquez, presidente de la asociación de taxis metropolitanos. 

La respuesta de Uber, con presencia en el Perú desde el 2014 y que viene rompiendo el mercado dándole trabajo a decenas de miles de peruanos, aunque no revela la cifra, ante esta válida consideración legal es la siguiente, dando pie a todo un debate. 

“Mañana me compro un bus escolar y dentro del margen de la libertad hago el servicio a donde yo quiero, está limpio y cena abordo ¿eso me autoriza a hacerlo?”, sostuvo De la Barrera. 

Mientras la representante de Uber indicó que “la innovación siempre está un paso delante de la regulación, muchas veces estos servicios de intermediación tecnológica no están regulados y es ahí que la gente dice es ilegal”. 

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En tanto De la Barrera sostiene que “hace falta acá que el proceso del servicio final (el taxista de Uber) tenga una autorización en una municipalidad, si tengo a un particular en un servicio de taxi es tan condenable como la combi pirata”. 

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