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Arequipa: conozca el impresionante oasis del Valle de los Volcanes

Más de 80 conos volcánicos al alcance de sus selfies, casas abiertas al turista, el manantial de agua más pura, especies exóticas y la huella milenaria de la lava

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El Valle de los Volcanes, un vasto territorio en la región Arequipa que la revista National Geographic dio a conocer al mundo hace casi noventa años, tiene una compleja geografía a veces, propia del planeta marte, compuesta por campos bombardeados de lava, montañas nevadas, un manantial gigante, el más grande del mundo, valles ubérrimos fertilizados por la ceniza volcánica, y 84 volcanes apagados que otorgan a la zona una personalidad inconfundible. 

Aislado del resto del país hasta hace muy poco, las costumbres que aquí se preservan hacen de El Valle de los Volcanes un lugar turístico y exploración de primer orden a nivel mundial.

Cuarto Poder llegó al pueblo de Andagua, corazón del Valle de los Volcanes, luego de ocho horas de viaje desde Arequipa. Es la primera vez que las comunidades se organizan para brindar a los viajeros una serie de servicios.

La primera gran aventura del viaje llega cuando ascendemos hasta los bellísimos volcanes gemelos de Andagua. Elegimos subir al más alto, el volcán Johnson, bautizado con el apellido de uno de los reporteros de National Geographic que dio a conocer el lugar a nivel internacional en 1929. 

Estamos a más de 4000 metros sobre el nivel del mar pero la gran panorámica que otorga el lugar funciona mejor que varios balones de oxígeno. Hasta hace pocos siglos algunos volcanes hervían de lava y hoy sus conos son una fuente de paz. 

En Andagua, como en los principales pueblos del valle, cada casa ha sido adaptada para recibir turistas. Todos tienen agua caliente de fuente solar. La idea es convivir con las costumbres locales como la preparación de la guatia, una pachamanca propia del valle que cae muy bien después de haber subido a un volcán.

Cerca de ahí, el mirador ofrece una buena vista de los volcanes enanos, y la maqueta permite orientarse en la compleja orografía. Nuestras amigas brindan en cacho de toro con chicha en honor de papa sol.

Casi de pasada llegamos al pueblo de Chachas, donde nos espera un banquete que demuestra la buena mano de la mujer del valle. En Chachas su impresionante laguna sufre los efectos de la sequía. Inmensas olas de tierra van cubriendo las aguas de lo que en años anteriores solía ser un espejo de agua azul.

En el camino, el territorio se parece al de un planeta reseco. La lava lo cubre todo. Evidencia de las grandes transformaciones geológicas que sufrió este lugar en el pasado.

Nuestro siguiente punto es el sorprendente Pueblo de Ayo, en la parte más baja del valle, en un microclima que sazona de dulzor sus jugosas frutas. En Ayo crece de todo y lo que no crece es porque aún no se ha sembrado. 

Pero lo más sorprendente es este oasis en medio del desierto, es Mamacocha, el manantial más grande del mundo, agua pura fluyendo a chorros de las entrañas de la tierra, que los lugareños disfrutan por horas. Desgraciadamente un proyecto hidroeléctrico planea intervenir la zona, pero los pobladores se han organizado para hacer respetar los derechos de la naturaleza.

Este es el secreto peruano que ya está listo para sorprender al mundo. Vale la pena recorrer ocho horas desde Arequipa para encontrarse con uno de los territorios mejor conservados del país. Y más aún con servicios turísticos muy económicos ofrecidos por los propios pobladores. La humanidad entera merece la preservación de esta maravilla.

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